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El traje que propongo
Cuando empecé a trabajar con africanizadas, en ocasión de mudarme con mis colmenas a la Provincia de Formosa aquí en Argentina en el año 2004, porque ya avisoraba lo que le sucedería a la pampa húmeda con la implantación de monocultivos, y el uso intensivo de poderosísimos agroquímicos, tuve que aprender todo de nuevo, y replantearme todo lo que sabía.
Lo primero que advertí fue la diferencia abismal en el manejo que debería adoptar, si quería adaptarme a las características de una abeja que es muy defensiva (que no es lo mismo que agresiva) y que lo hace de una manera que nunca había experimentado, sirve de ejemplo decir que no se puede hablar con el compañero apicultor que nos acompañe, pues ni nos escuchará ni lo escucharemos debido al intensísimo ruido que producen en la máscara al lanzarce con inusitada violencia contra esta, produciendo algo así como el ruido de una ametralladora, o haber observado a abejas portadoras de polen atacándome !!
Allí, con las africanizadas, descubrí el método más rápido del mundo para buscar reinas, que es además de rapidísimo, muy sencillo: A saber:
a) - Se abre la colmena.
b) - La única que no está prendida de nosotros, o volando para lograrlo, es la reina.
Por supuesto que esto último dicho en broma, pues no siempre las africanizadas se muestran tan agresivas
Pero lo que enseguida advertí, es el inmenso daño que ocasiona cada visita del apicultor, los trajes quedan minados, cubiertos de aguijones, de una forma que no es posible imaginar si no se experimenta.
Me sobreponía del dolor de las inevitables picaduras (la única forma de que no piquen algunas es ponerse mucha ropa por debajo del traje, pero con las altísimas temperaturas de Formosa es algo insoportable) meditando en el daño involuntario que estaba causando, y percatándome que si no le encontraba solución, mi futuro como apicultor era negro.
Porque advertía que, en cada apertura de colmena, o simple visita al apiario si se llegan a enojar por ello, las poblaciones de nuestras colmenas, se veían mermadas de un modo que no es posible permitir en una explotación comercial.
Todo esto teniendo en cuenta que, de acuerdo con el sistema que hace años uso, solo abro las colmenas para cosecharlas, pero aún así, en la única otra oportunidad en que abro una colmena, que es una vez que el enjambre capturado se aquietó, para agregarles el material necesario para lograr que la colmena tenga como mínimo un metro con sesenta de altura permanente, los daños ocasionados a la población por las abejas muertas por aguijonear, eran inadmisibles.
Esa es una de las causas por las que optamos por cosechar de noche y con luz roja invisible a los insectos, con lo que conseguimos bajar sensiblemente la cantidad de abejas defendiéndose y trabajar con temperaturas sensiblemente inferiores a las de pleno día.
Creí que los apicultores locales tomaban especial cuidado en evitar esto, pero no es así, como siempre, los implementos, incluidos los trajes de apicultor, están diseñados pensando en la conveniencia, la comodidad del apicultor, pero no en el de las abejas, como este caso particular demandaba.
Como no conseguí en oferta ningún tipo de traje de apicultor que se adaptara a la exigencia de salvaguardar la vida de las abejas, debí ponerme a meditar y diseñar uno propio.
A pesar de que originalmente este traje ha sido creado para adaptarse a las abejas africanizadas, considero que puede cumplir con todas las demás razas el mismo beneficio que logra con estas.
Toda vida es sagrada, y evitar muerte de abejas es más que una obligación para los que nos preciamos de llamarnos apicultores.

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